Qué feliz sin ti soy, vida mía. Me pregunto: ¿por qué no podré ser así de feliz contigo?.
Si el objetivo de acompañarnos en esta vida es alegrarnos por la existencia del otro. ¿Qué caso tiene amarte con locura si se vuelve todo una miseria?
El dilema es que te extraño tanto, a ratos me siento tan miserable, como partido en dos, mi lado derecho contigo y el izquierdo con el resto de los que me han de buscar.
Pero el verdadero problema no es extrañarte tanto como lo hago, el problema es que no me siento tan mal solo, no tan mal como me hacían sentir tus migajas de cariño a tu lado.
Matías, 23 años
En cada publicación el relato de un ser humano imaginario, un fragmento de su historia, un pedacito de su alma.
domingo, 4 de octubre de 2015
miércoles, 30 de septiembre de 2015
Consuelo
Me he recostado en la cama boca abajo, he abrazado la almohada mientras la presiono contra mi pecho. Recuerdo sus dulces palabras y el abrazante aroma de su aliento. Las sabanas se empiezan a mojar. Mi mente empieza a volar, imaginando lo formidable que hubiera sido abrazar sus labios con los míos, sujetar sus brazos con los míos, enredar sus dedos entre los míos.
Me recrimino, por haber querido discutir; y a pesar del silencio, aún quiero discutir. Mi perra se me soba como queriéndome consolar, le he ordenado ir a dormir pero no parece entender por qué el humano jadea tanto al llorar. Aprieto los ojos, duele recordar que me digan que soy muy pasional, que debería dejar ya de presionar.
Pienso: 'pero si yo siento el amor como chiquilla, ciego, inocente, puro.' Fascinada sin saber sentir el cuerpo, entregada al amor del bueno. Y aprieto aún más los dientes.
El frío entra por la ventana, me duele la garganta, los quejidos son tan altos como para seguir pasando desapercibidos a los oídos de cualquier otro ser humano que se atreva a escuchar. Mis pies se ensucian al levantarme descalza a cerrar la ventana, me vuelvo a recostar en la cama.
Y de nuevo sujeto la almohada, como queriéndome consolar.
Me recrimino, por haber querido discutir; y a pesar del silencio, aún quiero discutir. Mi perra se me soba como queriéndome consolar, le he ordenado ir a dormir pero no parece entender por qué el humano jadea tanto al llorar. Aprieto los ojos, duele recordar que me digan que soy muy pasional, que debería dejar ya de presionar.
Pienso: 'pero si yo siento el amor como chiquilla, ciego, inocente, puro.' Fascinada sin saber sentir el cuerpo, entregada al amor del bueno. Y aprieto aún más los dientes.
El frío entra por la ventana, me duele la garganta, los quejidos son tan altos como para seguir pasando desapercibidos a los oídos de cualquier otro ser humano que se atreva a escuchar. Mis pies se ensucian al levantarme descalza a cerrar la ventana, me vuelvo a recostar en la cama.
Y de nuevo sujeto la almohada, como queriéndome consolar.
miércoles, 16 de septiembre de 2015
Entero
¿Y qué si lo que quiero es escribirte poesías, cantarte una canción, o admirarte todo el día? Si la intención de hablarnos hasta el fin del día a medianoche es llegar a amarnos.
¿Qué culpa tengo yo deshacerme en ansias hasta el cuello de verte y escuchar tu excitante tono cuando de frente me hablas? Ansias de ver tu castaño casi rubio, despeinado pero casi impecable cabello, casi como tu personalidad, perfecto y tan imperfecto a la vez. Chistoso pero amargo, dulce pero frío, suave pero desatento.
Y es que todo es así entre nosotros, un día todo tan excitante que siento como si me quemara entre las piernas cuando de cerca logro tenerte; y al siguiente todo tan aburrido y triste que lo único que quiero es olvidarte y pretender que jamás nos vimos a los ojos mientras reíamos al contarnos historias en un lugar pretensioso.
De todas mi decepciones, cariño mío, la tuya no me la esperaba. Nuestros encuentros tan verídicos no me hacían titubear, juraba que serías el bueno a pesar de mis dudas. Esa aceleración por hacerlo todo juntos: hoy al cine, mañana al cafetín y pasado mañana a la playa.
Pero después todo se esfumó, hablando contigo a través de pantallas inconclusas. El día de mañana parece nunca llegar y cada día equivale a una semana. Me reprochas que no hay nada que reclamar.
Pero lo que tú no sabes, guapo, es que yo no necesito de un hombre que me diga qué sentir y cómo sentir, en dónde debería de doler más y en dónde menos. Necesito un hombre que me ame con todo y defectos, que le fascinen mis habilidades culinarias malhechas, mis pobre destreza hogareña y como prefiero torcer la boca antes que maldecir cuando algo me es incómodo, lo humilde que soy cuando a los demás amo con todo el cuerpo, y lo reservada que soy para entregar el sexo, porque tomarte de la mano me cuesta lo que a ti te cuesta decir 'te quiero'.
Necesito un buen hombre que se desmorone por invitarme a ver el cielo, pues verás, lo que me importa es cuánto de tu tiempo gastas conmigo y no cuánto de tu dinero.
Porque no es cierto eso de 'tal vez está indeciso' o 'tal vez no sabe lo que quiere', porque yo sé que no me quieres, y porque al parecer estás muy decidido. Porque cuando un par se quiere, se quiere. Porque en el amor puro no existen abstracciones, el amor surge y así de simple.
Porque yo quiero el amor completito, de ése sin excepciones y sin indecisiones, de ése que es entero.
Valentina, 22 años
¿Qué culpa tengo yo deshacerme en ansias hasta el cuello de verte y escuchar tu excitante tono cuando de frente me hablas? Ansias de ver tu castaño casi rubio, despeinado pero casi impecable cabello, casi como tu personalidad, perfecto y tan imperfecto a la vez. Chistoso pero amargo, dulce pero frío, suave pero desatento.
Y es que todo es así entre nosotros, un día todo tan excitante que siento como si me quemara entre las piernas cuando de cerca logro tenerte; y al siguiente todo tan aburrido y triste que lo único que quiero es olvidarte y pretender que jamás nos vimos a los ojos mientras reíamos al contarnos historias en un lugar pretensioso.
De todas mi decepciones, cariño mío, la tuya no me la esperaba. Nuestros encuentros tan verídicos no me hacían titubear, juraba que serías el bueno a pesar de mis dudas. Esa aceleración por hacerlo todo juntos: hoy al cine, mañana al cafetín y pasado mañana a la playa.
Pero después todo se esfumó, hablando contigo a través de pantallas inconclusas. El día de mañana parece nunca llegar y cada día equivale a una semana. Me reprochas que no hay nada que reclamar.
Pero lo que tú no sabes, guapo, es que yo no necesito de un hombre que me diga qué sentir y cómo sentir, en dónde debería de doler más y en dónde menos. Necesito un hombre que me ame con todo y defectos, que le fascinen mis habilidades culinarias malhechas, mis pobre destreza hogareña y como prefiero torcer la boca antes que maldecir cuando algo me es incómodo, lo humilde que soy cuando a los demás amo con todo el cuerpo, y lo reservada que soy para entregar el sexo, porque tomarte de la mano me cuesta lo que a ti te cuesta decir 'te quiero'.
Necesito un buen hombre que se desmorone por invitarme a ver el cielo, pues verás, lo que me importa es cuánto de tu tiempo gastas conmigo y no cuánto de tu dinero.
Porque no es cierto eso de 'tal vez está indeciso' o 'tal vez no sabe lo que quiere', porque yo sé que no me quieres, y porque al parecer estás muy decidido. Porque cuando un par se quiere, se quiere. Porque en el amor puro no existen abstracciones, el amor surge y así de simple.
Porque yo quiero el amor completito, de ése sin excepciones y sin indecisiones, de ése que es entero.
Valentina, 22 años
sábado, 15 de agosto de 2015
Fortaleza
Y aquí estoy, en la noche más solitaria de mi vida, aunque similar a muchas otras, con tres pesos en mi cartera, 2 pitillos en la cigarrera y un vaso de leche en la nevera. Quebrada hasta el cuello.
Manteniendo un anhelo más grande que el cielo, tan brillante como sus estrellas, y tan lejos de cumplirse como la distancia entre el sucio suelo debajo de mis pies hasta la extremidad más cercana de la luna hacia la tierra. Me siento desconsolada.
Las lagrimas recorren el rostro, mientras aprieto la garganta y a duras penas sale el llanto, entre reniegos y plegarias: '¡ayúdame, Dios mío! ... Que no veo tu luz entre tanto desconcierto...'
Y mientras tanto el intento de encontrar consuelo en los demás humanos parece más que inútil. Cuesta hasta los sesos admitir que te has sentido un perdedor ya durante un buen rato, y que la respuesta de los demás sea un simple: 'tal vez no te estás esforzando demasiado', cuando has dado ya todo lo que dentro de tu vacío yo has encontrado.
Necesito fe.
Manteniendo un anhelo más grande que el cielo, tan brillante como sus estrellas, y tan lejos de cumplirse como la distancia entre el sucio suelo debajo de mis pies hasta la extremidad más cercana de la luna hacia la tierra. Me siento desconsolada.
Las lagrimas recorren el rostro, mientras aprieto la garganta y a duras penas sale el llanto, entre reniegos y plegarias: '¡ayúdame, Dios mío! ... Que no veo tu luz entre tanto desconcierto...'
Y mientras tanto el intento de encontrar consuelo en los demás humanos parece más que inútil. Cuesta hasta los sesos admitir que te has sentido un perdedor ya durante un buen rato, y que la respuesta de los demás sea un simple: 'tal vez no te estás esforzando demasiado', cuando has dado ya todo lo que dentro de tu vacío yo has encontrado.
Necesito fe.
viernes, 24 de julio de 2015
Espiritualidad
Quisiera escribir algo que hiciera al lector sentirse cerca de Dios cuando leyera mis pronunciadas palabras, pero no hay palabras para describir lo que se siente cuando uno está cerca de Dios.
miércoles, 1 de julio de 2015
Fin.
Pero algún día regresarás, infeliz. Te habrás dado cuenta ya que reprimir los sentimientos no trae más que desgracias, que mantenerte en un lugar donde no perteneces es más que sinónimo de angustias, y que las penas que trae consigo son fatales.
Algún día regresarás, inmundo. Se te olvidará que por tus brazos corrían mis manos, y que por tus labios corrían los de otra mujer, borrarás de tu memoria las palabras y los versos, y los mil y un casi 'te amo' que nos llegamos a decir.
Algún día regresarás, malagradecido. Di mi ser a pesar de la circunstancia, te regalé mis palabras sin pensarlo dos veces, me desviví más de una vez intentando llegar a ese maldito encuentro de pasión que jamás llegó y que tanto aseguraste con tus palabras huecas que sucedería.
Sé que volverás, maldito amado mío. Porque encima de mi pesar sé que aún 'casi te amo' a pesar de mi rabia y resentimiento, pues sé que te has marchado más por presión que por elección. Porque sé que nuestro romance era más que una apasionada travesía, era más como un sendero sin fin.
He visto que regresarás, tontillo. Porque Dios me lo ha descrito entre fantasías reales, clarito he visto que volverás a remediar el daño, ha sido tanto mi pesar que he decidido esperar, porque sé que no fui sólo yo la que sintió que había algo más que un simple 'besos, hasta luego'.
Necesito que vuelvas, gordillo. Porque cada día se me hace más difícil esperarte en este umbral de incoherencia, no diste cierre a lo nuestro, pues sólo te marchaste. Me ha hecho falta con grandes anhelos un 'hasta aquí llegamos' de tus agrietados labios, un fin más directo al corazón. Porque sabes, cachetonsito, necesito seguir adelante, para poder darle al fin curación a mi adolorido pecho.
FIN.
Ana María, 32 años
miércoles, 10 de junio de 2015
Lucidez
Hola amigos, al parecer estoy creando una entrada por semana, aunque a ciencia cierta aún no sé con cuanta frecuencia podré bloggear (depende que tan rápido fluyan las ideas, recordemos que al arte no se le presiona), pero he aquí un escrito un tanto chistosillo, que nuevamente fue de una payasada que me sucedió.
En fin, tal vez más adelante sepamos que le pasó a la loca mujer:
"A duras penas se había lavado el cabello y dormido un par de horas, cuando justo antes de salir de casa recordó que tampoco había tenido tiempo para lavar la ropa sucia que desbordaba del canasto, y entre ella la blusa mágica con la que juraba obtendría el puesto en la corporación de sus anhelos como 'escritora de sueños imposibles'. Así que tomó la prenda del canasto y se apresuró para llegar al compromiso siguiente, sin haber notado que entre la blusa venían entremetidos pantaletas, calcetines y bufandas. Así la atarantada mujer fue dejando rastros de ropa sucia (y de su locura) por toda la ciudad."
En fin, tal vez más adelante sepamos que le pasó a la loca mujer:
"A duras penas se había lavado el cabello y dormido un par de horas, cuando justo antes de salir de casa recordó que tampoco había tenido tiempo para lavar la ropa sucia que desbordaba del canasto, y entre ella la blusa mágica con la que juraba obtendría el puesto en la corporación de sus anhelos como 'escritora de sueños imposibles'. Así que tomó la prenda del canasto y se apresuró para llegar al compromiso siguiente, sin haber notado que entre la blusa venían entremetidos pantaletas, calcetines y bufandas. Así la atarantada mujer fue dejando rastros de ropa sucia (y de su locura) por toda la ciudad."
sábado, 6 de junio de 2015
Desaparecer
¿Qué tal amigos? Como siempre un saludo antes que todo, y nuevamente la inspiración golpeó mis sentimientos y pensamientos para escribirles lo siguiente, es algo crudo les advierto, pero espero que les agrade. Y aunque no lo cuente en esta lectura tiene un final un tanto más consolador y feliz, ya que todo en esta vida tiene solución. He aquí mi más reciente despertar espiritual:
Desperté una mañana y sentí un bulto en el pecho. El día estaba nublado y fresco, era temprano más el sol ya se había puesto entre las grises nubes. El ruido de costumbre que entraba por mi ventana no era muy diferente al del resto de los demás días. Me preguntaba que era este extraño sentimiento...
Era como angustia, ansiedad de esas que se meten entre tus actividades sin saber porqué está allí, pero que sólo decides seguir adelante y esperar porque se vaya, pues no parecía ser algo tan grave. Así vagué durante algunos días, semanas, tal vez incluso meses, y no lograba entender que era el bulto apretujado de emociones en mi pecho. Algo andaba mal. 'Suelo ser alguien nervioso..' pensé 'pero esto es algo anormal'.
De repente un día el bulto parecía ser casi insoportable, como si por todos lados me siguiera como sombra y la vida empezaba a carecer de sentido, así que decidí averiguar de qué se trataba. Oré, leí libros, hablé con Dios intentado investigar qué sucedía allí adentro. La respuesta no tardo en llegar... Era llanto, reprimido por supuesto y un profundo temor a experimentarlo envuelto entre ocupaciones para tratar de evitarlo, y así no hacer realidad aquella pesadilla por la que apenas hacía algunos meses había pasado.
Oré por valor para enfrentarlo, pues enseguida me di cuenta que era el llanto de un duelo, por haber perdido a un ser amado recientemente, un alguien que llenaba mi vida de alegría, que complementaba a la familia, y que a pesar de nuestras disputas fraternales que ocasionalmente aparecían le apreciaba, e incluso le admiraba, admiro aún.
La rabia, el terror... La impotencia salían a flote como si hubiesen esperado un largo tiempo para tomar un suspiro enorme y al fin respirar y brindarme aliento (y con ello paz).
Volví a sentirme incapaz como en ese terrible infierno, reviviendo la triste y angustiante crisis; esperando llamadas para resolver el caso, la llamada del "han fallecido ambos", y esperar a mamá en el aeropuerto para viajar 3 horas por carretera para llegar al velorio y recibir los infinitos y exhaustivos pésames y los 'lo siento' que llegaban al punto de hacerme sentir que era yo quien debía consolar a los demás, cuando en más de una ocasión sentí que me apretaba el pecho y no podía respirar, las palabras mucho menos podía gesticular.
Todo aquello retumbo en las dolidas pareces de mi traumatizado y herido corazón, y el intentar sobrevivir como zombie ante la vida tratando de encontrarle sentido a las actividades cotidianas como comer, hablar por teléfono, incluso ducharse, parecía ya no funcionar. Era momento de palpar los sentimientos y darle consuelo y alivio a mi corazón.
Sonaba duro, pero necesitaba hacer caso a mis sentimientos, escapar incluso de ser necesario.
Desaparecer.
viernes, 29 de mayo de 2015
Rotura
¿Qué tal? Al fin llegó la inspiración que tanto buscaba para crear mi primera entrada en este blog, que sólo está constituido en escribir palabras al aire inspiradas en mis propias vivencias como ser humano. Espero que les guste, mi corazón profundamente dolido escribió esto:
"Todo en su vida parecía marchar bien, los mismos hábitos, los mismos días, el cambio climático. Hasta que de repente escuchó su voz a lo lejos, en el fondo de una grabación. Sonaba alegre y entusiasta, como si la ruptura no le hubiese pasado ni por un centímetro de angustia. Y su corazón se destrozó, sollozó como desde el primer día en que él había decidido ponerle un fin a la relación que a escondidas habían construido, a silencios de la sociedad, en ausencias de su compañera. Como si nunca hubiese existido, sin rezagos ni daños a largo plazo, aunque sin contar por supuesto, el corazón lastimado de una mujer enamorada profundamente."
"Todo en su vida parecía marchar bien, los mismos hábitos, los mismos días, el cambio climático. Hasta que de repente escuchó su voz a lo lejos, en el fondo de una grabación. Sonaba alegre y entusiasta, como si la ruptura no le hubiese pasado ni por un centímetro de angustia. Y su corazón se destrozó, sollozó como desde el primer día en que él había decidido ponerle un fin a la relación que a escondidas habían construido, a silencios de la sociedad, en ausencias de su compañera. Como si nunca hubiese existido, sin rezagos ni daños a largo plazo, aunque sin contar por supuesto, el corazón lastimado de una mujer enamorada profundamente."
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