Me he recostado en la cama boca abajo, he abrazado la almohada mientras la presiono contra mi pecho. Recuerdo sus dulces palabras y el abrazante aroma de su aliento. Las sabanas se empiezan a mojar. Mi mente empieza a volar, imaginando lo formidable que hubiera sido abrazar sus labios con los míos, sujetar sus brazos con los míos, enredar sus dedos entre los míos.
Me recrimino, por haber querido discutir; y a pesar del silencio, aún quiero discutir. Mi perra se me soba como queriéndome consolar, le he ordenado ir a dormir pero no parece entender por qué el humano jadea tanto al llorar. Aprieto los ojos, duele recordar que me digan que soy muy pasional, que debería dejar ya de presionar.
Pienso: 'pero si yo siento el amor como chiquilla, ciego, inocente, puro.' Fascinada sin saber sentir el cuerpo, entregada al amor del bueno. Y aprieto aún más los dientes.
El frío entra por la ventana, me duele la garganta, los quejidos son tan altos como para seguir pasando desapercibidos a los oídos de cualquier otro ser humano que se atreva a escuchar. Mis pies se ensucian al levantarme descalza a cerrar la ventana, me vuelvo a recostar en la cama.
Y de nuevo sujeto la almohada, como queriéndome consolar.
En cada publicación el relato de un ser humano imaginario, un fragmento de su historia, un pedacito de su alma.
miércoles, 30 de septiembre de 2015
miércoles, 16 de septiembre de 2015
Entero
¿Y qué si lo que quiero es escribirte poesías, cantarte una canción, o admirarte todo el día? Si la intención de hablarnos hasta el fin del día a medianoche es llegar a amarnos.
¿Qué culpa tengo yo deshacerme en ansias hasta el cuello de verte y escuchar tu excitante tono cuando de frente me hablas? Ansias de ver tu castaño casi rubio, despeinado pero casi impecable cabello, casi como tu personalidad, perfecto y tan imperfecto a la vez. Chistoso pero amargo, dulce pero frío, suave pero desatento.
Y es que todo es así entre nosotros, un día todo tan excitante que siento como si me quemara entre las piernas cuando de cerca logro tenerte; y al siguiente todo tan aburrido y triste que lo único que quiero es olvidarte y pretender que jamás nos vimos a los ojos mientras reíamos al contarnos historias en un lugar pretensioso.
De todas mi decepciones, cariño mío, la tuya no me la esperaba. Nuestros encuentros tan verídicos no me hacían titubear, juraba que serías el bueno a pesar de mis dudas. Esa aceleración por hacerlo todo juntos: hoy al cine, mañana al cafetín y pasado mañana a la playa.
Pero después todo se esfumó, hablando contigo a través de pantallas inconclusas. El día de mañana parece nunca llegar y cada día equivale a una semana. Me reprochas que no hay nada que reclamar.
Pero lo que tú no sabes, guapo, es que yo no necesito de un hombre que me diga qué sentir y cómo sentir, en dónde debería de doler más y en dónde menos. Necesito un hombre que me ame con todo y defectos, que le fascinen mis habilidades culinarias malhechas, mis pobre destreza hogareña y como prefiero torcer la boca antes que maldecir cuando algo me es incómodo, lo humilde que soy cuando a los demás amo con todo el cuerpo, y lo reservada que soy para entregar el sexo, porque tomarte de la mano me cuesta lo que a ti te cuesta decir 'te quiero'.
Necesito un buen hombre que se desmorone por invitarme a ver el cielo, pues verás, lo que me importa es cuánto de tu tiempo gastas conmigo y no cuánto de tu dinero.
Porque no es cierto eso de 'tal vez está indeciso' o 'tal vez no sabe lo que quiere', porque yo sé que no me quieres, y porque al parecer estás muy decidido. Porque cuando un par se quiere, se quiere. Porque en el amor puro no existen abstracciones, el amor surge y así de simple.
Porque yo quiero el amor completito, de ése sin excepciones y sin indecisiones, de ése que es entero.
Valentina, 22 años
¿Qué culpa tengo yo deshacerme en ansias hasta el cuello de verte y escuchar tu excitante tono cuando de frente me hablas? Ansias de ver tu castaño casi rubio, despeinado pero casi impecable cabello, casi como tu personalidad, perfecto y tan imperfecto a la vez. Chistoso pero amargo, dulce pero frío, suave pero desatento.
Y es que todo es así entre nosotros, un día todo tan excitante que siento como si me quemara entre las piernas cuando de cerca logro tenerte; y al siguiente todo tan aburrido y triste que lo único que quiero es olvidarte y pretender que jamás nos vimos a los ojos mientras reíamos al contarnos historias en un lugar pretensioso.
De todas mi decepciones, cariño mío, la tuya no me la esperaba. Nuestros encuentros tan verídicos no me hacían titubear, juraba que serías el bueno a pesar de mis dudas. Esa aceleración por hacerlo todo juntos: hoy al cine, mañana al cafetín y pasado mañana a la playa.
Pero después todo se esfumó, hablando contigo a través de pantallas inconclusas. El día de mañana parece nunca llegar y cada día equivale a una semana. Me reprochas que no hay nada que reclamar.
Pero lo que tú no sabes, guapo, es que yo no necesito de un hombre que me diga qué sentir y cómo sentir, en dónde debería de doler más y en dónde menos. Necesito un hombre que me ame con todo y defectos, que le fascinen mis habilidades culinarias malhechas, mis pobre destreza hogareña y como prefiero torcer la boca antes que maldecir cuando algo me es incómodo, lo humilde que soy cuando a los demás amo con todo el cuerpo, y lo reservada que soy para entregar el sexo, porque tomarte de la mano me cuesta lo que a ti te cuesta decir 'te quiero'.
Necesito un buen hombre que se desmorone por invitarme a ver el cielo, pues verás, lo que me importa es cuánto de tu tiempo gastas conmigo y no cuánto de tu dinero.
Porque no es cierto eso de 'tal vez está indeciso' o 'tal vez no sabe lo que quiere', porque yo sé que no me quieres, y porque al parecer estás muy decidido. Porque cuando un par se quiere, se quiere. Porque en el amor puro no existen abstracciones, el amor surge y así de simple.
Porque yo quiero el amor completito, de ése sin excepciones y sin indecisiones, de ése que es entero.
Valentina, 22 años
Suscribirse a:
Entradas (Atom)