Me he recostado en la cama boca abajo, he abrazado la almohada mientras la presiono contra mi pecho. Recuerdo sus dulces palabras y el abrazante aroma de su aliento. Las sabanas se empiezan a mojar. Mi mente empieza a volar, imaginando lo formidable que hubiera sido abrazar sus labios con los míos, sujetar sus brazos con los míos, enredar sus dedos entre los míos.
Me recrimino, por haber querido discutir; y a pesar del silencio, aún quiero discutir. Mi perra se me soba como queriéndome consolar, le he ordenado ir a dormir pero no parece entender por qué el humano jadea tanto al llorar. Aprieto los ojos, duele recordar que me digan que soy muy pasional, que debería dejar ya de presionar.
Pienso: 'pero si yo siento el amor como chiquilla, ciego, inocente, puro.' Fascinada sin saber sentir el cuerpo, entregada al amor del bueno. Y aprieto aún más los dientes.
El frío entra por la ventana, me duele la garganta, los quejidos son tan altos como para seguir pasando desapercibidos a los oídos de cualquier otro ser humano que se atreva a escuchar. Mis pies se ensucian al levantarme descalza a cerrar la ventana, me vuelvo a recostar en la cama.
Y de nuevo sujeto la almohada, como queriéndome consolar.
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