¿Qué tal queridos lectores (si es que aún rondan algunos por allí)?. He vuelto a escribir y esta vez con ganas, me perdí un buen rato de la suscripción, me tomé un break demasiado largo por motivos personales, pero ya he vuelto. En estos meses muchas cosas me han pasado y entre ellas muchísima inspiración me ha pasado por la cabeza también, algunas cosas ya se me fueron de las manos, pero aún tengo muchas ideas contenidas.
En fin, poco a poco se va puliendo esto, pero mientras les dejo esta nueva entrada, no quiero arruinarles la lectura, así que se los dejo a su imaginación:
Limpiando las perillas de la estufa es que me he dado cuenta, que tener en la mano un diploma o un mazo no hace la diferencia. Sentarse mil horas detrás del escritorio o del mostrador han de sumar lo mismo, pues me han dado la misma ecuación.
He mandado a decir a mi mujer la conclusión, que no importa si se ha decidido quedarse en casa o salir a trabajar por la mañana, que su decisión da igual valor dentro del nuestro; que se tome el día, que asee la casa, que salga a pasear al parque junto al perro. Que mire las estrellas, que tome el camión, que trabaje hasta el cansacio o que escriba una canción si eso le da valor, que de todos modos la querré al por mayor:
"Ana Laura,
Que mi amor no se ha medido en si dejas o no dejas de hacer mujer, si has de lavar los trates o reventar en plegarias por los berrinches de tu jefe; yo te amaré igual y siempre, pues no es tu productividad de la que me enamoro día con día. Es tu valor, es tu sonrisa, es el esplendor de tu pelo, el olor que se desprende de tu inmaculada vestidura. Que más bien son tus talentos, tu belleza, no la de tu figura, la cual amo con locura, sino lo que hay dentro de ella, tus palabras de aliento, tus ganas de vivir la vida, cuando le dices que sí a los que amas y cuando dices que no cuando lo necesitas, lo mucho que me quieres sin medirme de la misma manera las ojeras. He visto lo mucho que en estos años has cambiado, has llorado demasiado y esperado de los días tanto. No importa lo que decidas, yo te amo exacto."
Desde casa ha sonado el teléfono, el cual manso he contestado: "Amor mío..." sollozando ha llamado: "... voy de vuelta a casa, mil gracias por la carta, te amo inmenso. No me esperes mucho, aunque el trolebús ya no tardará demasiado."
"Querida..." le contesté: "... descuida que yo te espero".
Me he apurado a terminar la cena, pasta con romero y filetes de pollo al fuego. Me apresuré y cogí el suéter colgado en el perchero, pues salí a buscar a mi mujer al paradero.
Luis Fernando, 34 años
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